La música clásica, un
jazz que se oye;
una cómoda, el ropero, la
cama, un escritorio, antiguos, empolvados;
libretas, revistas,
cuadernos, bolígrafos, lápices
y libros por doquier;
pantallas de sueño o de
frívolas realidades;
dos amores, uno de carne,
otro de palabra;
finalmente, alumbrado por
alguna tímida luz,
cojo la blanca taza de café y bebo el mundo, mi mundo.
Comentarios
Publicar un comentario