Artículo: El desliz de César Hildebrandt

 

Oí a César Hildebrandt insultar a una señora o señorita –no recuerdo qué pronombre empleó cuando se dirigió a ella– llamándola ‘estúpida’ porque lo acusó de pertenecer al MOVADEF. [1] Primeramente, he de asegurar que respeto a Hildebrandt por, inter alia, su honestidad y diligencia para con la palabra hablada tanto como la escrita. Segundamente, reducir, igual que el mentado periodista, la problemática política a una sola organización y gobierno, me parece superficial, digno de un nuevo manipulador de la información, mas no de uno veterano y riguroso.

Por otro lado, en mi país y, seguro, alrededor del mundo, escasos personajes ilustres han superado la disputa entre Sartre y Aron, siguen consumiendo el opio de la utopía, por mejor decir, de los partidos que respaldan la creación de una mesocracia parcialmente enriquecida. A causa de ello, se injurian, rebajan y aun ultiman desadvirtiendo que, sospecho de manera deliberada, la maldad no es una abstracción filosófica sino, como pregonaba Jesús, está en nosotros, somos nosotros, esta especie defectuosa, triste e irremediable: aquella ofensa gratuita reconfirma eso.


[1] Largamente: Movimiento por la Amnistía y Derechos Fundamentales. De acuerdo con sus condensadas “líneas programáticas” este grupo se empeña en hacer ocho grandes cambios sociales en favor del pueblo. Dicho sea de paso, Hildebrandt no pertenece ni perteneció a ese “movimiento”.

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