Gracias
a nuestra ansia de pensamiento siempre hemos tratado de descifrar, inter alia, la esencia del mal, o sea,
sus causas y fines. David Lynch no se escapa de ese intento fracasista, puesto
que, a mi parecer, creó una serie televisiva [1] con el propósito de
perfeccionar la mitología ya expresada en otra de sus obras cumbre “Terciopelo
azul”. Ahí, el protagonista, [2] claro alter ego del
cineasta, se interroga de la siguiente guisa: “¿Por qué el mundo es tan
extraño? ¿por qué hay tanta maldad?”
Ello representa el comienzo no de una pesquisa policial que descubrirá cómo un grupete de facinerosos violenta a una frágil cantante de cabaret, tampoco el modo en que un joven curioso y con inclinaciones algo perversas sonsaca las patologías psíquicas de sus vecinos ni, por último, la superficial búsqueda de la verdad, sino de su creación: Dale Cooper sólo continúa esa leyenda.
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