Acercamiento previo
La comparación conjetural y bipartita que estoy a
punto de hacer se basa en la concepción del religiólogo Joseph Campbell sobre
los mitos: a) cualquier mitología sirve para llenar un vacío histórico y b)
regular el comportamiento de la sociedad que las crea. En
ese sentido, los mitos son un recordatorio y un puñado de normas.
Ahora bien, si comparamos las fábulas griegas de, verbigracia, la titanomaquia con las del nacimiento de los mosquitos inventadas por las tribus conibo –habitantes del Amazonas– notaremos más de una diferencia, no tanto en el contenido sino en la forma; o sea, la envoltura, el adorno es lo único variable. Debido a ello, la típica clasificación del sociólogo y filósofo Aguste Comte está desfasada. Hogaño hablar del progreso a sabiendas de que la intuición es tan perfecta para el cumplimiento de sus fines como la Razón, causa debate y aun suspicacia.
El origen y el final del universo
Como el libro Historia
del tiempo del físico Stephen Hawking, [1]
específicamente cuando afirma que el llamado “modelo del big bang caliente” [2] demuestra
que el universo se ensancha y “toda materia o radiación existente en él se
enfría”, pues la temperatura es una medida “de la energía, o de la velocidad
promedio de las partículas”. Es decir, tras una serie de combinaciones
energéticas, químicas, frecuentemente azarosas, el hombre vio la luz y sus
demonios. Eso, con respeto al difunto señor Hawking, parece un relato
fantástico de una comunidad arcaica. Es la reactualización de lo que tan
pomposamente nos contó el Inca Garcilaso de la Vega acerca de sus antepasados o
lo que de manera parcial resolvió hacer Kubrick en su Odisea.
También pueden ser objeto de acaloradas disputas la
siguiente cita: “Cuando aplicamos la –anotada– suma de Feymann (…) a la visión
de Einstein de la gravedad, lo análogo a una partícula es ahora un
espacio-tiempo curvo completo que representa
la historia de todo el universo.” [3] De
ahí se colige que el tiempo no es lineal, sino aparentemente lineal, una
ilusión. El universo sería, entonces, igual a un planeta Tierra cuyos
horizontes simulan abismos, mas nunca termina gracias a su forma redondeada. Viviríamos,
de confirmarse la hipótesis del ilustre autor y parafraseando a Calderón de la
Barca, en un sueño.
Me pregunto, por otra parte ¿la destrucción del
espacio-tiempo, [1] el big crunch, propiciará un nuevo cosmos y devolverá a la vida a distintas
criaturas? ¿esta es la prueba cientificista de la prevalencia material del
espíritu humano? Y ya de paso declaro, en lo tocante a Dios, a la interrogación
del físico y remitiéndome a los postulados panteístas de Spinoza, mi desacuerdo
de la sugerencia deslizada por Hawking: ¿qué lugar queda para el Creador en un
universo eterno, uno carente de principio y fin, increado?
El Gran Hacedor, de acuerdo a Baruch, es el cosmos; lo cual significa, inter alia, que somos parte de él y estamos en él. Empero, la utilidad, su causa, el fin ¿adónde va? Unamuno aseveraba que en una divinidad desantropomorfizada, de la Esencia, de la ens realism aquiniana, era dificilísima de creer. Claro, porque no interviene en nuestra precaria existencia, no participa de la ética, mudando palabras, la oración se convierte en soliloquio.
[1]
Stephen Hawking, Historia del tiempo,
Crítica, España, 2022.
[2]
Sólo explicado con el método del
científico Richard Feymann, consistente en que una partícula no sigue una
trayectoria recta para ir de un lugar a otro al través de lo que se conoce como
espacio-tiempo –el espacio de cuatro dimensiones cuyo punto es un suceso, y al que cuatro números o
coordenadas lo describen– sino una
trayectoria poseedora de n rutas, a cada una de las cuales se le asigna un
número supongamos 3 y 4. 3 representaría
el tamaño de una onda –esto es, un movimiento
energético propagado en un espacio– y
4 la posición en el cielo. Si uno
desea calcular la probabilidad de que una partícula se desplace ha de sumarse
las ondas relacionadas a todos esos caminos.
[3] Hawking, p. 180.
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