Introducción
Me
topé con un poema de Antonio machado en “Soledades, galerías y otros poemas”,
reza así: “Arde en tus ojos un misterio, virgen // esquiva y compañera”. [1] Arrastra el primer verso
el poeta empleando dos palabras en plural, para luego cerrar la entonación con
“virgen”, que aquí puede significar muchas cosas.
A mi juicio significa pureza, que aparte contrasta con el cuarto y quinto verso cuya letra dice: “No sé
si es odio o un amor la lumbre // inagotable de tu aljaba negra.” [2] ¡Claro!, el carcaj negro
que guarda flechas mortales de Cupido; si bien el enamoramiento tiene etapas
maravillosas, en sus inicios angustia. Ya sea por jugueteos pasionales ya sea
por recatos conservadores, nunca se exhorta a la amada que confiese su
sentimiento.
Esto
envuelve en un mar del desasosiego al amante quien no puede ni siquiera mirar
a la mujer –que le parece bella– pues le quema o, como dijo Truffaut al
referirse a Catherine Deneuve, “mirarte me hace daño”. [3] Thomas Carlyle, el
magnífico escocés, opinaba más o menos igual:
Blumine
[la mujer que amaba el protagonista de su novela Sartur Resartus] brillaba aparte, entre señoras y señoritas, por su
modestia, como una estrella entre terrestres claridades (…) pero apenas osó
mirarla porque su presencia le causaba una confusión muy penosa, aunque muy
dulce. [4]
Sea
como fuere, el daño persiguió a Machado por el resto de sus días, así lo
asegura con una metáfora excelsa: “Conmigo irás mientras proyecte mi sombra //
mi cuerpo y quede a mi sandalia arena.” [5] También es un vaticinio,
pues es indudable que jamás conoceremos a la persona –o personas– que amamos.
Además,
el vate español procede aún, en ese estado, razonablemente, no diviniza el
episodio o ensalza a su “compañera”, sólo pregunta: “–¿Eres la sed o el agua en
mi camino? // Dime, virgen esquiva y compañera.” [6] Lanza el interrogante
junto a un posesivo final que significa vida.
Quiere averiguar, entonces, si beberá de su fuente querida o si dejará fluir
por el sendero el agua indiferente.
Ilusiones
quebradas
Vastos
ejemplos hay sobre la ilusión que trae consigo ese misterio del enamorado.
Analicemos brevemente a "La dama del perrito” de Chéjov quien describe en
un párrafo el supuesto orden que da el amor a la vida:
También
llegó Anna Serguéyevna. Se sentó en la tercera fila, y cuando Gúrov la miró,
sintió que se le encogía el corazón, y entonces comprendió con toda claridad
que en el mundo entero no había nadie más entrañable, más querido y más
importante para él que aquella persona. [7]
Podemos
conectar, salvando las distancias estilísticas, esta organización que
igualmente expresa Woody Allen en un relato titulado “Crecer en Manhattan”. El neoyorquino nos cuenta, narrando el encuentro de su protagonista con
Lucinda Brooks, que dentro del “caos sin sentido del cosmos” se “sintió aferrado
a algo que importaba”. [8] Ambas son formas de
buscar, por diversos senderos, la totalidad metafísica en la que nos apoyamos
para soportar los delirios universales.
Conclusión
Otra
vez recordemos al Gúrov chejoviano: él es un tipo atareado por la insulsez de
su rutina matrimonial y los convencionalismos moscovitas del siglo XIX. Nada
más sería importante comentar si no fuera porque inventó, desde las sombras, a
un personaje licencioso cuya tarea principal fue seducir damas para gozar con
ellas.
Anna hubiera sido la conquista efímera de alguna provincia remota, pero apresó a Gúrov lentamente y le hizo declinar tras la larga ausencia de su amante. Por eso viajó esperanzado hacia Sant Petersburgo. Indagó en convites oficiales, eventos de alto copete y dramas célebres; al final acordaron, por sugerencia de Serguéyevna y a pesar de su anillo, frecuentarse de vez en cuando en Moscú. Después de muchas veladas transpirantes, terminó el idilio y apareció la desilusión.
¿Acaso el amor es un precoz manantial que anhelamos sin merecerlo?
[1] Antonio Machado, Antología poética, Biblioteca Edaf, 2007, p. 66.
[2] Ibid.
[3] Citado por Alonso Cueto en “El tiempo de
Catherine Deneuve”, El Dominical de El Comercio. Domingo 22 de octubre del
2023: p. 27.
[4] Thomas Carlyle, Sartur
Resartus, Desván de Hanta, 2015, p. 176.
[5] Op. cit. p. 66.
[6] Ibid.
[7] Antón Chéjov, Cuentos imprescindibles, edición de Richard Ford, Penguin Clásicos,
2020, p. 470.
[8] Woody Allen, Gravedad cero, Alianza Editorial, 2022, p. 195.
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