La
vista me hace desacertar ocasionalmente cuando escribo. Comento mi caso no por
alarde sino por ser el ejemplo que más próximo tengo para conjeturar que esto
sucede así a causa del cuerpo calloso, el cual, según las investigaciones de
Lacoste-Utamsig y Holloway, en la mujer está más unido, por ende, mejor
interconectado.
Este
palmario defecto varonil ha sido minimizado, en gran medida, por la computadora
cuya programación es efectivísima si la comparamos con la nuestra. Mas,
imperfecta pues erra y a menudo garrafalmente. Sin ir tan lejos, Word –del
mismo modo que algunas infundadas normas del lexicón oficial– desconoce la palabra
‘cacógrafo’, aunque los produzca.
De
ahí se desprende uno de muchos interrogantes ¿la precisión puede ir de la mano con la velocidad? Lo dudo. En
su último libro publicado Fernando Savater se expresa de la siguiente manera
sobre el particular: “… los animales evolucionan biológicamente, los humanos
tecnológicamente, en ambos casos sobreviven los más aptos aumentando ciertas
capacidades y atrofiando otras”. Desde luego, a pesar de que lo idóneo sería
encontrar el justo medio aristotélico, o sea, equilibrarnos.
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