Dos
preguntas acerca del tiempo aparecen en “El jardín de los senderos que se
bifurcan”. Ahí Tr’ui Pȋn, el portavoz del autor, guía a un joven que se propone
descifrar el tiempo cuestionándose largamente. En lo esencial sus cuestiones
podrían resumirse así: ¿un tiempo multilineal mantendría las características de
uno lineal? ¿si fragmentamos el tiempo habría azar?
Se
me ocurren, oportunamente, dos respuestas: a) según las matemáticas el tiempo
es medible o, como diría Platón, semejable a un número que se representa, entre
otros aparatos menos ordinarios, en el reloj. Además, es sabido por muchos que
el ayer es una construcción memorial, el presente consciencia de éste y lo
porvenir indeterminado. Por lo que la multilinealidad arrastraría esos pedazos
que en la linealidad eliminamos; b) sí, porque de modo contrario terminaría el
tiempo y con él se perdería aún más el sentido aventurero de la vida.
Espero
que nunca lleguemos a descifrar qué es el tiempo, pues conoceríamos quienes
somos y eso conviene poco.
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