Uno
reactualiza su conocimiento sobre la percepción cinematográfica y artística,
gracias al volumen que reúne los artículos periodísticos de Armando Robles
Godoy, publicado por el fondo editorial de la Universidad de Lima.
Por
ejemplo, en la página 374 leo: “… hay un factor emocional que debe abrirse ante
las artes, y que es común en todas ellas, aunque en cada caso es necesario un
entrenamiento especial”.[1] Dice esto para luego
incidir en la enseñanza lingüística del cine, y junto a ella, apreciarlo
adecuadamente.
Porque
apreciar y analizar un arte distan mucho entre sí; verbigracia, si tomamos
cualquier poema del místico San Juan de la Cruz que pronuncia: “En una noche
oscura // con ansias en amores inflamada, // ¡oh dichosa ventura! // salí sin
ser notada, // estando ya mi casa sosegada.”[2] ¿Alguien puede explicar
por qué el alma se inflama de amores y sale inadvertidamente?
Sin
embargo, quien sienta con plenitud las palabras del poeta traducirá el canto.
Más allá de las reglas irreprochables que cumple una composición decente; a
saber y por orden jerárquico: sencillez, ritmo y profundidad.[3] Añadamos confidencia, para no repetir el sufijo:
el vate debe ser verdadero o al menos intentarlo.
Igual
pasa con la literatura; fijémonos en un pasaje de extraordinaria calidad de Pedro Páramo: “Allí estaba su madre en
el umbral de la puerta, con una vela en la mano. Su sombra descorrida hacia el
techo, larga, desdoblada.”[4] Tal vez un materialista
ensaye que la luz –desde un ángulo trasero y enfocada a un objeto o sujeto–
crea el efecto de contraste que alarga la sombra.
Esa
hipótesis es plausible, si conocemos que el visualizador está en una posición contraria
a su madre; de otra forma no notaría la sombra prolongada. Pero aun así me
insatisface, pues inmediatamente señala Rulfo: “Y las vigas del techo la
devolvían en pedazos, despedazada”. Como dijo el pintor Alfredo Winternitz: “…
una obra de arte no se puede ‘entender’ o ‘comprender’, sino que hay que gustar
de ella o no”.[5]
A
mi juicio, existen tres maneras de agradarnos; el también profesor nacido en
Viena, aporta una: “entendiendo el lenguaje de la época en la que ha sido
realizada o el artista que trata de comunicarse”. Sigue la de Paul Valéry: “El
gusto es el resultado de mil disgustos.”[6] O sea, sorbiendo cantidad
de ejemplares, conseguiremos, al final, el gusto por alguno.
La
mía radica en la impresión, entendida como una experiencia inigualable: lo que
sucede al “encuentro con la obra”, de la que habló el pedagogo Constantino
Carvallo. Dicho sea de paso, él discordaba de la Ley N°26370, la cual obligaba
a “promover la enseñanza del lenguaje cinematográfico”.[7]
Para
Robles eso era esencial. Incluso, expuso con breves vocablos, su significado:
…
se ve un primer plano de la cara de un hombre pensativo, luego el primer plano
de un revólver, luego un plano medio de una mujer atractiva, contoneándose en
la calle (…). El noventa por ciento del público comprenderá (…) que el hombre
en cuestión está pensando en pegarle un tiro a la mujer, o en pegarse un tiro
él, esto depende de los antecedentes del filme.[8]
La
asociación de imágenes permite abstraer y prevenir el desenlace de la escena.
Consecuentemente y, por último, es tarea necesaria estudiar la estructura creativa de toda obra y separarla de la interpretación meramente intelectual.
[1] Armando Robles Godoy, La batalla por el buen cine: Textos críticos 1961-1963, Fondo
Editorial Comunicación de la Universidad de Lima, 2020, p. 374.
[2] San Juan de la Cruz, Poesías Completas, Edimat, España, 2007,
“Noche oscura”, p. 33.
[3] A propósito, en sus famosas Cartas a un joven poeta Rilke diserta
sobre la sencillez en los siguientes términos: “Al principio, eluda aquellas
formas que son las más corrientes y comunes; son las más difíciles, puesto que
se requiere una fuerza grande y madura para expresar una personalidad propia
allí donde existen en gran medida tradiciones buenas y, en parte, hermosas.”
[4] Juan Rulfo, Obra, Editorial RM y FUNDACIÓN JUAN RULFO, 2020, p. 187.
[5] Alfredo Winternitz, Itinerario hacia el arte: Once
lecciones, Fondo Editorial de la PUCP, 2015, p. 121.
[6] Citado por Constantino Carvallo en Diario educar: Tribulaciones
de un maestro desarmado, Debolsillo, Lima, 2018, p. 71.
[7] Ibid. p. 70. Varios artículos han sido derogados; confróntese: https://spij.minjus.gob.pe/spij-ext-web/#/detallenorma/H764979
[8] Op. cit. p. 375.
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