Cuento: Egoísmo


Oportunidades como esta se presentan extrañamente, más aún si es improbable que, dada su fealdad, hechice mujeres. Entonces, decide rozarla, pero algo lo frena: su rostro no llama a la suspicacia, ¿acaso maquina bestiales impudicias o fantasea con tórridos enamoramientos? “Ninguno; sólo me he inspirado…” La doncella, mal asida al pasamanos, tambalea por el rudo giro del bus. “Ojalá el vigor terrestre la impeliera. Tengo doscientas razones para anhelarlo: soy escritor y vivo al margen de mí mismo.”


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